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Origen de la cerámica etrusca y sus características

La cerámica etrusca tiene varios milenios de antigüedad, si tenemos en cuenta que se estima que la cultura etrusca surgió en torno al 700 a. C. Artísticamente tuvo fuertes influencias de ideas de otras culturas, sobre todo de Oriente Medio. De Egipto les llegó la técnica de la fayenza, de Babilonia tomaron algunos conceptos de arquitectura, y de Asiria y Fenicia, aprendieron a trabajar el hierro y la plata respectivamente. Los etruscos destacaron especialmente con su fino trabajo del bronce.

La cerámica etrusca y su origen

El origen de los etruscos sigue sin estar claro. Su lengua no pertenece a la rama indoeuropea, y tampoco tiene lenguas emparentadas anteriores. El idioma etrusco desapareció con la invasión romana, aunque otras manifestaciones culturales se integraron y sí pudieron pervivir en el tiempo, como es el caso de la cerámica etrusca.

Algunos estudios de ADN han confirmado que la población etrusca estuvo viviendo en el norte de Italia desde el neolítico, aproximadamente desde el 1000 a. C. al 90 a. C. aproximadamente. Hay expertos que aseguran que este grupo de población podría provenir de Anatolia, antes de su migración a Europa.

Fueron un pueblo de comerciantes con una gran importancia en el mediterráneo. Se convirtieron en grandes maestros en la metalurgia del bronce y en la cerámica. Con este último material se perciben claras influencias del estilo griego, tanto en las formas como en las decoraciones.

Estudia la cerámica etrusca: estas son sus características

Entre la cerámica etrusca destaca especialmente el conocido como bucchero nero, con unas características muy especiales y fácilmente reconocibles. Son cerámicas que presentan un acabado negro brillante muy parecido al de la cerámica griega clásica. Este efecto se consigue mediante el empleo de arcillas que han pasado por un proceso de decantado para después preparar engobes muy finos. A continuación, se cuecen en reducción, que consiste en eliminar el oxígeno del interior de la cámara de cocción, de manera que la combustión llegue al oxígeno que está presente en la pieza cerámica, produciendo un cambio de color de rojo a negro.

La cerámica de bucchero nero eran vasijas que se destinaban al uso doméstico, aunque también se empleaban para rituales. Eran muy apreciadas y estaban muy valoradas. Su acabado liso, pulido y brillante, trataba de imitar a los materiales metálicos, que eran mucho más caros de conseguir.

La cerámica etrusca de los siglos VII y VI a. C. muestra una fuerte influencia de los ceramistas griegos emigrados al norte de Italia, lo que se percibe en el estilo geométrico y posteriormente en las figuras rojas que se irán incluyendo.

Aunque tienen similitudes, el estilo etrusco tiene particularidades únicas. Los símbolos y las figuras enrevesadas y complejas que utilizaban los griegos no tenían ningún significado para los etruscos. Ellos simplemente copiaban esta decoración, sin reparar en su simbolismo. El resultado es que a menudo estas copias parecen algo toscas, a pesar de estar realizadas con un nivel técnico elevadísimo. Esto, lejos de devaluar su valor, le da una personalidad diferenciadora y única.

También hay que destacar la escultura etrusca, donde también destacó esta sorprendente civilización. Hoy día se conservan numerosas urnas, sarcófagos, escultura monumental y cerámica aplicada a la arquitectura para decorar templos y monumentos.

Como ves, las técnicas de la cerámica etrusca son tan fascinantes como el resto de su cultura.

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